Viajar con niños: Sueño cumplido. Llegamos a Disneyland París tras atravesar España y Francia de sur a norte por carretera con nuestros tres niños visitando Coilloure, Carcasonne y la ciudad de París.
Estamos agotados, pero la ilusión en sus caritas lo compensa todo.
Mi niña fue una princesa de cuento y mi niño un auténtico Yedi.
Nos encantaron las atracciones, ninguna brusca o estridente, y muchas donde poder subir al bebé, lo que agradecimos enormemente porque nos permitió pasar momentos muy divertidos todos juntos en familia.
A Princesita la que más le gusto fue la casa encantada, donde la decoración y los efectos eran alucinantes, pero sin sustos (Leopardito casi se duerme), y también el “mundo pequeño” porque íbamos en barca recorriendo distintas partes del
mundo.
Y a Osito le entusiasmó el “Tren de la mina”, al que se subió solo con su padre, lo que le hizo especial ilusión.
Fuimos Piratas del Caribe por unos minutos, visitamos la cabaña de Robinson Crusoe, aniquilamos a los extraterrestres con Buzz Lighyear, nos lanzaron al espacio en un cohete de Star Wars, los peques condujeron los coches de Cars por una pista de carreras, nos introdujimos de lleno en la magia de los cuentos de Blancanieves y Pinocho, volamos en la alfombra mágica de Aladin…
Pero lo que sin duda quedará en nuestras retinas para siempre es el espectáculo de luces y fuegos artificiales de fin de día donde soñamos despiertos y volvimos a la infancia. Lloré como una niña emocionada con la música y los personajes de las películas con los que crecí y, lo reconozco, fue imposible no sucumbir a la magia de Disney.

Viajar con niños: Tercera parada en nuestro viaje a Disneyland París por carretera:

Me he vuelto a enamorar en París…

Viajar con niños: Ciudad medieval de Carcasonne, Francia.

La segunda parada en nuestro viaje a Disneyland París en coche ha sido
la ciudad medieval de Carcasonne, que es la más antigua fortaleza de Europa y probablemente la que en mejor estado se conserva.

Para los niños es toda una experiencia imaginarse caballeros andantes, reyes, princesas y fosos con cocodrilos (y tiburones, según mi peque), bajo el puente levadizo de la entrada del Castillo.

Recomiendo hacer la ruta por dentro a partir de los 7 años de edad, ya que el recorrido dura más de una hora, pero merece la pena porque está totalmente restaurada y en perfecto estado.
Si vais con niños más pequeños, lo ideal es hacer la ruta en el tren que rodea la fortaleza por fuera, donde una locución va explicando los pormenores del monumento.

A los alrededores de la fortaleza hay todo un entramado de hoteles, restaurantes y tiendas donde se pueden comprar armaduras, arcos, espadas de madera, escudos y cascos para los niños con lo que se sentirán auténticos caballeros medievales.
Las calles están llenas de encanto y hay rincones dignos de fotografiar.
A mis mayores les encantó la visita, y el bebé alucinó con el tren.